Jarcia: qué revisar por su cuenta y qué dejar en manos de un aparejador
El mástil y la jarcia soportan grandes cargas en cada salida, pero muchas averías dan señales previas que el propietario puede detectar desde la cubierta. Una inspección visual periódica solo cuesta tiempo y ayuda a decidir cuándo conviene que un profesional mire más de cerca.
Empiece por la jarcia firme: obenques y estays. Recorra cada cable con la vista, y con un trapo, sobre todo cerca de los terminales inferiores. Hilos rotos, dobleces, abultamientos o un cable que se descolcha son motivos para no salir hasta que se revise. En los terminales prensados busque fisuras finas y chorretones de óxido: las manchas suelen indicar que ha entrado agua.
Después, los tensores y los cadenotes. Las roscas deben estar limpias y sin daños, cada tensor suficientemente roscado y asegurado con un pasador de aleta u otro seguro. Coloque bien los pasadores y cubra sus puntas con cinta para que no rasguen velas ni manos. Compruebe que los bulones estén rectos y que las articulaciones (toggles) se muevan libremente, para que el cable no trabaje doblado bajo carga.
Revise el mástil con prismáticos: puntas y bases de las crucetas, herrajes del palo, el tope con sus roldanas, remaches flojos y corrosión donde se tocan metales distintos. El enrollador de proa también merece atención: el tambor y el giratorio deben girar con libertad y el perfil debe estar intacto. Luego pase a la jarcia de labor: drizas, escotas y cabos de trimado no deben estar rozados ni endurecidos, y las poleas deben girar con suavidad y sin grietas.
Algunas tareas es mejor dejarlas a un profesional. Subir al palo para inspeccionar los herrajes altos, comprobar los terminales con líquidos penetrantes u otros métodos, evaluar la carlinga del mástil y decidir si un cable puede seguir en servicio requieren experiencia y un equipo de seguridad adecuado. Encargue una inspección a un aparejador antes de una travesía larga, tras un desarbolado, una varada o si el barco se ha tumbado, al comprar una embarcación usada o siempre que algo le genere dudas.
La jarcia firme no es eterna, aunque parezca en buen estado. Sustitúyala según la vida útil que recomiende el fabricante o su aparejador, teniendo en cuenta cómo y dónde navega el barco. Lleve un registro sencillo con la fecha, lo revisado, fotos de los terminales y cualquier observación: así es más fácil ver cambios y el siguiente técnico tendrá una buena referencia. Si necesita una mirada profesional, busque en el catálogo de NautMap una velería o un taller de jarcia cerca de su puerto.